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¡No te comas cualquiera!

¡No te comas cualquiera!

Saber diferenciar cuándo un vegetal o una fruta está apto para comer y cuándo no es clave para llevar alimentos de calidad a nuestra mesa.


¿Sos de los que en el supermercado van al sector verdulería y tocan cada fruta y verdura para saber si están bien? Para no llevarnos sorpresas en casa, hay algunas características que podemos tener en cuenta y así elegir las más frescas, sabrosas y nutritivas. “Una premisa básica, que aplica para todas las frutas y verduras, es que sean de estación y en lo posible, de producción local. El concepto de local es relativo, así que en realidad podemos decir que cuanto menos haya viajado hasta nuestras manos, mejor. El producto será más fresco y habrá perdido menos nutrientes” cuenta la licenciada en Nutrición Florencia Ferrari (MN5854), quien nos recomienda estos consejos:

Papas

Las hay negras y blancas. La blanca no es más que la misma papa negra lavada, es decir, con menos tierra y mayor precio. Para elegirlas mejor, tenemos que fijarnos:

• Que estén firmes y sanas, sin brotes ni manchas verdes: “esto podría indicar que la papa se ha deteriorado ya sea por el tiempo (papa vieja) o por un almacenamiento incorrecto. Tanto los brotes como las manchas tienen que ver con las solaninas, una sustancia considerada antinutriente que, consumida en grandes cantidades, resulta tóxica. Cuando esto sucede conviene tirar la papa entera”, dice Florencia.

Conservación: tenemos la idea de que la papa dura mucho, pero no es tan así, sobre todo en verano es importante conservarlas en un lugar fresco y ventilado, en lo posible con poca luz.

Acelga

Para elegir un buen atado es importante que:

• La hoja sea de color verde intenso, de aspecto tierno y turgente y pencas firmes. Cuando aparece un color amarillento y se ponen fibrosas las pencas, toman un sabor más amargo, están pasadas.

Conservación: la acelga no puede ser almacenada fresca por mucho tiempo, pero luego de lavarla se puede blanquear (cocción rápida hervida o al vapor) y congelar para utilizar más adelante. “Tanto la hoja como la penca se consumen, es importante aclararlo porque mucha gente descarta esta última”, agrega la nutricionista.

Lechuga

Elegir aquellas que:

• Tengan las hojas firmes y turgentes o tiernas, según la variedad.
Podemos diferenciar las que tienen un tallo muy desarrollado (fueron cosechadas tardíamente) y las que tienen las hojas con bordes marrones o amarillentos, señal de deterioro.

Conservación: para almacenarlas en casa conviene sacarlas de la bolsa. Si bien lavarlas acorta un poco su vida útil, escurriendo bien sus hojas pueden durar algunos días.

Cebolla

Es importante ver que:

• Estén firmes, no blandas, porque eso indica que están pasadas.
• Si tienen el cuello largo, es porque están brotando y pueden tener un sabor diferente.

Conservación: pueden dejarse en un lugar fresco y seco, aunque es importante dejarlas alejadas de papas, otras verduras y frutas porque pueden hacer que estas maduren en exceso o se broten.

Tomate

Un tomate de buena calidad tiene que tener:

• Aspecto fresco
• Color parejo
• Ser firme al tacto
• Los más maduros deben tener un color más intenso, estar más blandos.

Conservación: los tomates siguen madurando luego de cosechados, así que eso hace que cambie su color y mejore su sabor si son conservados a temperatura ambiente. Sin embargo, el mejor sabor y valor nutritivo se da cuando el tomate alcanza su punto de madurez en la planta.

Frutilla

Tenemos que fijarnos en:

• Color
• Brillo
• Tallo

Las de color rojo intenso y buen brillo son las que en mejor estado se encuentran por haber sido cosechadas recientemente, no han sufrido calor ni pérdida de agua, que son lo que las deterioran. Las frutillas van mejorando su color una vez que se cosechan, pero si esto fue antes del punto justo, el sabor no es tan bueno.
El tallo verde intenso y entero nos indicará también que la frutilla es más fresca y está en buen estado.

Conservación: no duran mucho tiempo y son sensibles al calor, por lo que lo mejor es conservarlas en la heladera y consumirlas dentro de los dos o tres días de compradas.

Durazno

Hay que saber que:

• Cuando ya no presenta manchas verdes en la cáscara está listo para ser consumido.
• Es importante para elegir los de mejor calidad, que tenga un buen aroma.

Conservación: si aún no están maduros conviene dejarlos a temperatura ambiente. Los que ya están maduros hay que guardarlos en la heladera separados de otras frutas.

Melón

Los clásicos son el amarillo, el rocío de miel y el escrito.

• Para elegir un melón rocío de miel o melón blanco maduro, tenemos que tocar la superficie con la yema de los dedos para sentir que está untuoso, sentir el aroma y observar el color amarillento-blancuzco.
• El melón amarillo debe verse de un amarillo muy intenso.
• El melón escrito debe tener un color marrón claro de fondo y al raspar levemente su cáscara debe desprender su aroma.

Conservación: se mantienen dos o tres semanas en la heladera.

Por último, la licenciada Ferrari agrega que “es importante considerar que la mayoría de las frutas y algunas verduras son productores de etileno (manzana, cebolla, damasco, palta, banana, higo, kiwi, mango, papaya, durazno, pera, ciruela, tomate), un gas responsable de su maduración, y hay otras que son muy sensibles al etileno (alcaucil, espárrago, chaucha, berenjena, brócoli, repollito de Bruselas, zanahoria, verduras de hoja, papa, coliflor, pepino, zapallito, morrón, choclo, batata) y habrá que almacenarlas separadas de aquellas. Se aconseja como norma general separar las frutas de las verduras, pues las primeras suelen ser productoras de etileno”.

Seguí a Florencia Ferrari en:
Instagram:
@mamaynutricionista