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¿Sos ilustre o sos un lastre?

¿Sos ilustre o sos un lastre?

En las acciones mínimas de cada día, aparece nuestro costado ilustre o tal vez, más que el ilustre, aparece nuestro costado lastre.


Hoy en el supermercado presencié una situación de ilustre versus lastre. Una mujer discutía con un hombre por el turno en la cola de caja. La mujer había dejado “su changuito” haciendo la cola por ella, mientras terminaba de buscar algunos productos que aún le faltaban comprar. El hombre explicaba que el chango no está habilitado para guardar turnos y mucho menos tiene capacidad de avanzar solo. La mujer trataba al hombre de intransigente y el hombre soslayaba que la mujer era una “ventajista”.

Inmediatamente las aguas se dividieron en torno al conflicto:

“Por supuesto que vale dejar el chango haciendo cola unos minutos. Todos tenemos apuros y es un acto de generosidad con el otro”.
“Yo, si me retiro, aviso o le pido permiso al de atrás”.
“Una cosa es agregar dos faltantes y otra seguir de compras. Como la que deja al hijo y pasa de medio chango a chango completo. Son vivos”.
“Todos estamos cortos de tiempo, pero no manejamos por la banquina”.

Más allá de la propia postura, que habla mucho más de nuestra propia adhesión a las normas que del hecho en sí, esto nos lleva a preguntarnos cuán ilustres o cuán lastres somos en todas aquellas pequeñas situaciones de nuestras vidas diarias.

En las casas están los que siempre se acuerdan de llevar su toalla cuando se van a bañar y están, los que desde la lucha, andan a los alaridos para que alguien se las alcance.
Están los que rellenan el agua de la hielera y están los que las giran, toman sus hielos, y las dejan vacías.
Están los cambiadores del rollo de papel higiénico y los que podrían ver girar el cartón eternamente.
Los que se olvidan las llaves, los cargadores, adaptadores, y por supuesto siempre hay un ilustre que baja a abrir, presta el propio y luego reclama que se lo devuelvan.
Los que levantan sus cosas sin necesidad de que nadie se los recuerde y los que creen, que como con el chango, tal vez avancen solas hasta el lavadero o la cocina.
Los que dejan el auto en doble fila prometiendo que solo serán 5 minutos sabiendo que existe una alta chance de que sean 50.

Por cada lastre, paga un ilustre.

En estas vacaciones de invierno cuando la convivencia se intensifica, la “no rutina” nos relaja, estemos atentos y preguntatémonos: ¿soy ilustre o soy un lastre?

*Por María Freytes