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Mallorca en Corrientes

Mallorca en Corrientes

Cuando nos vamos de viaje la cara se nos relaja, el ceño descansa, las ojeras se borran, los hombros bajan la guardia, el cuerpo se afloja y la sonrisa aparece más fácil. Tenemos que aprender a recuperar el goce en la rutina.


Uno está como las aguas vivas, flotando. Aparecen en el cuerpo hilos que cuelgan abiertos a absorber todo tipo de experiencias, hilos dispuestos a absorber las propiedades del mar y del sol, hilos abiertos a perderse en un cuadro o en un paisaje, hilos receptivos del viento que pega en la cara, almuerzos que entran en el tiempo del no tiempo.

¿Qué pasa en los viajes que nos distendemos y qué pasa en la rutina que nos tensamos?

La rutina pone el foco en construir y mantener: la familia, la pareja, la carrera profesional, los estudios, las metas, etc. La rutina trabaja para sostener las bases construidas, fortalecerlas y prevenir el derrumbe colocando más vigas y más cemento. Para la rutina, el goce no sostiene.

En la generación de nuestros padres, la línea de vida marcaba: estudio, trabajo, esfuerzo, familia, más estudio, más trabajo, más esfuerzo, algún que otro viajecito, más familia, un poco más de esfuerzo, jubilación. Recién después llegaba el goce.

Hoy las generaciones proponen una línea de vida mixta: estudio, esfuerzo, goce, trabajo, familia, viaje, goce, más estudio, más familia, más trabajo, más goce, otro viajecito, innovación, esfuerzo, trabajo, goce, viaje, etc.
La jubilación se posterga y el goce avanza.

El paradigma de que ambas energías son incompatibles se pone en jaque.
La vida es para ser vivida. Es para ser gozada. Y eso no atenta contra las estructuras ni nos convierte en bon vivants irresponsables.

Un amigo mío dice que hay que registrar la energía de los viajes y traerla acá, al microcentro. Sería como sentir la brisa de Mallorca en Lavalle y Corrientes: “Es una decisión. No necesitás tomarte un avión para viajar”, dice. “Hay quienes aún en París no pueden sacarse el traje de cemento”, remata.

Algunos dicen que los que saben gozar son los que saben generar momentos memorables. Por eso gozar tiene que ver con vivir.
Tiene que ver con hacer de los encuentros, verdaderos encuentros.
Hacer de las miradas, miradas.
Es darse las manos con ganas.
Gozar es fluir en la naturaleza con total entrega, con los poros abiertos, los hilos despiertos y el corazón en la mano.

Postergar el goce es postergar la vida.
Por eso,
yo,
Mallorca en Corrientes.

*Por María Freytes